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18-10-2016

Rabano, el protector del hígado y la vesícula.

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Rábano, el protector del hígado y la vesícula

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Esta hortaliza de sabor entre amargo y picante es una fuente de salud que mejora el sistema digestivo, hepático y, además, es diurético y mejora el tránsito intestinal

 

Si incluyes habitualmente el rábano en tus ensaladas debes saber que estas cuidando, no solo tu salud en general, en especial tu función hepática (hígado y vesícula).

 

El rábano pertenece a la familia de las crucíferas al igual que el brócoli, coliflor, coles de Bruselas, rúcula o nabos. Es la raíz comestible de la planta y tiene un color rojo, carne blanca y un sabor entre amargo y picante.

“El sabor ligeramente picante es debido a los compuestos de azufre (glucosinolatos). Estos compuestos son responsables del efecto antioxidante de los rábanos, del efecto diuréticodigestivo, del aumento de la secreción de bilis en el hígado, y de facilitar el vaciamiento de la vesícula biliar” explica la nutricionista Marta Sanz.

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El 95% del rábano es agua y es bajo en nutrientes energéticos como las proteínas, glúcidos y lípidos, por lo tanto es una hortaliza con un bajo aporte energético ( 17 Kcal por 100 g de parte comestible). Además, es rico en fibra, 1g por cada 100g. “Las recomendaciones de fibra diaria para un adulto es de 25-30 g al día, y en el caso de los niños es la edad más 5g.

 

Por ejemplo, si un niño tiene 10 años habría de consumir 15 g al día de fibra” recomienda Sanz. Los efectos que nos aporta la fibra son: mejora del tránsito intestinal, disminución de los niveles de colesterol y mejora la tolerancia de la glucosa. Por lo tanto, incluye rábano a diario en tus ensaladas y te olvidaras del estreñimiento.

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Existen innumerables razones porqué los rábanos son un buen complemento a tu dieta, pero el de mejorar el sistema inmunitario es uno de los más importantes. 100 g de la parte comestible del rábano contiene 20 mg de vitamina C y la recomendación de consumo de esta vitamina al día es de 60mg.

Esta vitamina le confiere al rábano propiedades antioxidantes que ayudan a proteger la piel y las mucosas digestiva, ya que interviene en la formación de colágeno.

 

El jugo del rábano exprimido utilizado externamente ayuda a curar heridas de la piel y favorece la cicatrización en casos de quemaduras o congelaciones.

Los minerales a destacar son el hierro y el yodo. “El yodo es un mineral indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroides, regula el metabolismo e interviene en los procesos de crecimiento. El déficit de este mineral causa el Bocio, la glándula tiroidea se atrofia y se ven afectada la actividad física y mental” advierte Sanz.

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Elegir y conservar el rábano

Normalmente, el rábano se come crudo en ensalada y las hojas se pueden cortar y añadir también a la ensalada como si fuera lechuga. En general resultan un poco picantes al gusto pero, si los dejamos enfriar en la nevera, pierden esa propiedad.

El sabor de los rábanos cambia en función de la variedad escogida y del suelo en el que se hayan cultivado. Los más suaves son los rabanitos pequeños y alargados, de color rojo y blanco. Las distintas variedades se diferencian en tamaño, forma y en la intensidad del color rojo. Encontramos rábanos largos, que miden entre 10-15 cm, y rábanos redondos que tienen un diámetro entre 2-3 cm.

Los rábanos son uno de esos vegetales que no requieren demasiado cuidado para conservarse y pueden durar tranquilamente hasta una semana. Pero para que duren tanto en optimo estado tenemos que escogerlos bien a la hora de comprar.

Los rábanos que se conservan mejor son aquellos que tienen sus hojas pero hay que asegurarse que tengan un color intenso, que estén carnosos y con la piel suave.

Para guardarlos en el frigorífico les quitamos las hojas, los dejamos sin lavar y los guardamos dentro de una bolsa de plástico perforada para que respiren. En estas condiciones podemos consérvalos hasta 10 días en perfecto estado.