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21-05-2020

La olvidada científica que descubrió los coronavirus

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La olvidada científica que descubrió los coronavirus

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June Almeida era hija de un conductor de autobús y dejó los estudios a los 16 años

En 1964, en su laboratorio en el Hospital St. Thomas en Londres, la viróloga June Almeida vio por primera vez a través del microscopio uno de esos minúsculos agentes infecciosos con una especie de corona a su alrededor que medio siglo después mantienen en vilo al mundo entero. Almeida fue una de las pioneras de la microscopia, creó nuevos métodos de diagnóstico e imagen viral y consiguió identificar los primeros coronavirus humanos, entre otros logros. Sin embargo, no tenía estudios formales.

Nacida en 1940 en Glasgow, Escocia, June Hart era hija de un conductor de autobús y un ama de casa. A pesar de que era un estudiante brillante y ambicionaba ir a la universidad, tuvo que dejar la escuela a los 16 años por las dificultades económicas de su familia.

Comenzó a trabajar como técnico de laboratorio analizando muestras de tejido, primero en el Glasgow Royal Infirmary y después en el Hospital St Bartholomew de Londres. En la capital inglesa conoció a su futuro marido, el artista venezolano Enriques Almeida, con quien tuvo una hija. Poco después la familia emigró a Canadá.

June Almeida comenzó a trabajar con microscopios electrónicos en el Ontario Cancer Institute de Toronto, donde desarrolló una nueva técnica para diagnosticar infecciones que revolucionaría el campo de la virología.

Su idea fue sencilla pero efectiva: usar los anticuerpos generados por individuos previamente infectados para que delataran a los virus. La técnica se basa en el mecanismo empleado por nuestro sistema inmune para identificar y combatir elementos extraños como virus y bacterias.

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Nuestros anticuerpos reaccionan ante los antígenos contrarios que entran en el organismo siendo atraídos y uniéndose a ellos.  De la misma forma, cuando Almeida empezó a añadir pequeñas partículas recubiertas de anticuerpos a las muestras, se dio cuenta de que los anticuerpos se congregaban en torno al virus, señalando así su presencia.

A principios de los sesenta, June Almeida regresó a Londres para ocupar puesto en la Escuela de Medicina del Hospital St. Thomas. Allí fue contactada por el doctor David Tyrrell, director de la Unidad de Investigación del Resfriado Común.

El equipo de Tyrrell trabajaba en el desarrollo en laboratorio de cultivos de los virus asociados al resfriado a partir de las muestras cedidas por voluntarios. En la mayoría de los casos lo hacían sin problemas, pero había una muestra en particular que se les resistía.

Procedía de un alumno de un internado en Surrey y la habían etiquetado como B814. Por mucho que lo intentaban, no conseguían desarrollar un cultivo celular de esa muestra, así que Tyrrell se la envió a June Almedia para ver si el virus podía verse con un microscopio electrónico y averiguar así cual era el problema.

Almeida no solo logró identificar un nuevo virus, el primer coronavirus humano. También resultó que ya había visto estructuras similares cuando investigaba la hepatitis en ratones y la bronquitis infecciosa en los pollos.

De hecho, años antes había intentado publicar un artículo sobre las similitudes que había observado en ambos casos, pero los correctores de la revista científica a la que lo envió lo rechazaron porque consideraron que las imágenes en las que se basaba eran solo malas imágenes del virus de la gripe.

El descubrimiento fue publicado en el British Medical Journal en 1965 y las primeras fotografías se publicaron en el Journal of General Virology dos años después. Fueron el doctor Tyrrell, la doctora Almeida y el profesor Tony Waterson, su supervisor en el St. Thomas, quienes lo bautizaron como ‘coronavirus’ debido al halo, similar a una corona, que lo rodeaba.

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Con su técnica, Almeida consiguió también las primeras imágenes del virus de la rubeola, que llevaba décadas siendo estudiado, aunque nunca antes había sido observado, e hizo importantes descubrimientos sobre la estructura de otros virus que tampoco habían sido observados, como el de la hepatitis B o el norovirus causante de la gastroenteritis.

En 1967, consiguió un doctorado gracias a sus investigaciones y a los trabajos que había publicado. Unos años después, en 1976 escribió el ‘Manual para el diagnóstico rápido en laboratorio’ de la Organización Mundial de Salud. Almedia desarrolló la última parte de su carrera en la Royal Postgraduate Medical School y el Welcome Institute.

Se retiró de la virología en 1985. Se convirtió entonces en instructora de yoga y montó un pequeño negocio de venta de antigüedades, aunque unos años después volvió al St. Thomas como asesora para ayudar al equipo que logró tomar las primeras imágenes en alta calidad del VIH. June Almeida murió en 2007, a los 77 años de edad, a consecuencia de un ataque al corazón.