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05-02-2020

Síndrome Circadiano: una nueva entidad.

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Síndrome Circadiano: una nueva entidad.

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El sistema circadiano es el principal regulador de casi todos los aspectos de la salud y el metabolismo, se encarga de regular la expresión de genes, liberación de diversas hormonas, la temperatura corporal, el gasto de energía, entre otras funciones corporales de gran importancia.

Nuestro cerebro cuenta con un “reloj corporal maestro” que es quien regula el metabolismo a través del control de las funciones corporales, la sincronización de los relojes periféricos de las demás células del cuerpo y principales tejidos como el corazón, hígado, músculos y tejido adiposo.

Los ritmos circadianos son afectados por distintas señales ambientales como los efectos de la luz, que influyen sobre el reloj corporal maestro y, los cambios de temperatura, consumo de alimentos, etc. que afectan los relojes periféricos.

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Hay evidencia creciente que conecta los desórdenes del ritmo circadiano con los componentes del síndrome metabólico, pero también con sus principales enfermedades asociadas, como los trastornos del sueño, la depresión, hígado graso y la disfunción cognitiva.

El síndrome metabólico es un conjunto de factores de riesgo cardiometabólico y enfermedades asociadas con alto riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) y diabetes tipo 2 (DBT 2).

Zimmet P., Alberti K. en Journal of Internal Medicine, 2019 proponen que el desorden circadiano podría ser un importante factor etiológico subyacente al síndrome metabólico, siendo los trabajadores por turnos o personas que no descansan bien, las más propensas sufrir obesidad y DBT 2.

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Recientemente surgió que la epigenética participa como conductora del conjunto cardiometabólico.

Se sabe que los procesos epigenéticos son un mecanismo clave que altera la susceptibilidad individual al desarrollo de enfermedades no transmisibles como DBT 2 y ECV.

Los cambios epigenéticos como la metilación del ADN y la modificación  de histonas son los mas comunes y ambos son desencadenados por factores genéticos y ambientales. La metilación del ADN es un mecanismo por el que factores como la alimentación y el ejercicio pueden modificar la predisposición genética a la enfermedad, ya que controla la expresión de genes en los estados fisiológicos y patológicos.

Hoy en día hay intentos de descartar al síndrome metabólico como entidad clínica.

En el 2009 un consorcio formado por seis instituciones internacionales emitió una declaración conjunta, ‘Harmonizing the Metabolic Syndrome’, con el objetivo de confirmar los componentes claves que definían al síndrome metabólico.

Llegando a la conclusión de que existe un conjunto de factores de riesgo para la ECV y la DMT 2, que se conoce como síndrome metabólico.

Estos factores de riesgo son hipertensión, dislipidemia (aumento de los triglicéridos y disminución del colesterol de las lipoproteínas de alta densidad, aumento de la glucosa en ayunas) y obesidad central. Dejando aun la incertidumbre sobre la evidencia que relaciona no solo el agrupamiento cardiometabólico, sino también sus enfermedades asociadas.

Zimmet P, Alberti K propusieron que el conjunto del síndrome metabólico y las enfermedades asociadas se consideren todos juntos y se los denomine síndrome circadiano.

La evidencia sugiere que las alteraciones del ritmo circadiano corporal pueden tener una importancia central y así es razonable proponer que dichas alteraciones podrían conducir a este conjunto frecuente de factores de riesgo y enfermedades.

Numerosas investigaciones llevaron a la posible asociación entre la creciente epidemia global de ECV y DBT 2 y los enormes cambios sociales de las últimas décadas.

Situaciones como privación crónica del sueño o trabajos nocturnos producen desalineación entre los ciclos del sueño – vigilia, ayuno – alimentación y el ciclo luz – oscuridad.

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Además, se ven afectados procesos fisiológicos debido al desequilibro circadiano, entre ellos el metabolismo de la glucosa y los lípidos y la presión arterial, con el consiguiente riesgo elevado de sufrir DBT 2 y ECV.

La mayoría de las personas sanas presentan una variación diurna de la presión sistólica y diastólica, paralela a la variación circadiana de los sistemas que la regulan.

La presión desciende por la noche y al despertar asciende. La hipertensión sin descenso nocturno se ha asociado con resistencia a la insulina, obesidad, síndrome metabólico y DBT 2.

Un denominador común importante para esto puede ser la apnea del sueño.

La tolerancia a la glucosa también tiene un patrón diurno. La glucemia es más alta por la tarde, esto indica que la tolerancia a la glucosa disminuye durante la misma debido al ritmo circadiano del cuerpo y es independiente de la alimentación, siendo dependiente del funcionamiento del reloj central.

Los lípidos también tienen un papel fundamental en el riesgo y tratamiento de la ECV y metabólica. En la actualidad estudios sugieren que los relojes circadianos son importantes para la homeostasis lipídica.

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Los adipocitos que forman el tejido adiposo cuentan con relojes periféricos, relacionando aquellos problemas de obesidad con alteraciones en el ritmo circadiano.

Casi todos los pacientes con trastornos afectivos, incluida la depresión, muestran alteraciones significativas de los ritmos circadianos. Siendo la resincronización de los relojes y ritmo circadiano parte del tratamiento.

Reconocer la relación con la alteración circadiana brinda la oportunidad de profundizar el conocimiento de las vías etiopatogénicas que conducen a lo que ahora sugerimos como el ‘síndrome circadiano’.

Esta conexión con factores de riesgo conductuales tiene importantes consecuencias para el tratamiento y la prevención de las enfermedades no trasmisibles.