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14-11-2017

Relación entre el flúor y un menor cociente intelectual

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Relación entre el flúor y un menor cociente intelectual

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La exposición de una madre al flúor durante el embarazo podría reducir la inteligencia de su descendencia, de acuerdo a una nueva investigación.[1]

 

Un equipo internacional de investigadores hizo seguimiento a una cohorte de niños mexicanos desde el periodo del embarazo de su madre hasta los primeros años de la adolescencia, y encontró una relación entre altas concentraciones de fluoruro en la orina materna y una reducción en las puntuaciones de pruebas cognitivas de los niños.[1]

 

Sin embargo, contrario a las afirmaciones de los activistas antiflúor, el estudio no concluye el caso contra el fluoruro.

 

“Esta es una pieza del rompecabezas. “Necesitamos investigar más para identificar la naturaleza del efecto. Y tenemos mucha incertidumbre en torno a los resultados”.

 

El estudio se suma al conjunto de datos sobre los efectos del flúor, considerando que se realizó seguimiento a un grupo relativamente grande durante más de una década.

 

“Esta clase de estudio de cohortes de nacimiento se considera un estándar de referencia para determinar lo que ocurrió en el curso del tiempo y que eventualmente lleva a algún tipo de desenlace”.

 

Estudios en roedores han demostrado que el flúor puede alterar su cognición y conducta, e investigadores en China han descubierto una relación entre el déficit en el coeficiente intelectual humano y la exposición a altos niveles de fluoruro en el agua, según se informó en una revisión del National Research Council.[2]

 

Para corroborar esta relación, el Dr. Bashash y sus colaboradores analizaron datos del proyecto ELEMENT (Early Life Exposures in Mexico to Environmental Toxicants), un estudio longitudinal diseñado para explorar los efectos de toxinas en niños mexicanos.

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Dos cohortes del estudio ELEMENT comprendieron 997 madres reclutadas de hospitales que atendieron a poblaciones con ingresos bajos o moderados entre 1997 y 2001.

 

Todas las mujeres se hallaban por lo menos en la semana de gestación 14 en la fecha del reclutamiento; pensaban permanecer en el área de la Ciudad de México durante un mínimo de cinco años; no refirieron ningún antecedente de trastornos psiquiátricos, embarazos de alto riesgo o diabetes gestacional, ni de consumo activo de alcohol diario, drogas ilegales o fármacos de prescripción de manera sistemática; y no tenían diagnóstico de preeclampsia, enfermedades renales, enfermedades circulatorias, hipertensión o convulsiones durante el embarazo índice.

 

Para el presente análisis, los investigadores excluyeron a madres menores de 18 años, a las que no tuvieron muestras de orina adecuadas, y a aquellas con concentraciones de fluoruro extremadamente atípicas.

 

Cuando los niños llegaron a los 4 años de edad, tomaron el test de Escalas McCarthy de Aptitudes y Psicomotricidad para niños.

 

Entre los 6 y 12 años de edad, tomaron la escala abreviada de inteligencia para niños de Wechsler.

 

Los investigadores pudieron obtener 287 pares de madre-niño con datos del test de McCarthy y 211 con datos del test de Wechsler.

 

En los dos la puntuación promedio es de 85 a 115, con una puntuación mayor equivalente a un mejor desempeño.

 

Los investigadores encontraron una correlación estadísticamente significativa entre el índice general cognitivo, medido mediante el test de McCarthy, y el coeficiente intelectual, medido mediante el test de Wechsler (r de Spearman: 0,55; p < 0,01).

 

Descubrieron que por cada incremento de 0,5 mg/l de fluoruro en la orina de la madre, los índices generales cognitivos de los niños se modificaban en una puntuación media de -3,76 (intervalo de confianza [IC] del 95%: -6,32 a -1,19).

 

Asimismo, cada incremento de 0,5 mg/l de fluoruro en la orina de la madre se relacionó con un cambio de -2,37 en el coeficiente intelectual (IC 95%: -4,45 a -0,29).

 

La relación persistió después que los investigadores hicieron el ajuste para factores relacionados con el niño (edad gestacional y peso al nacer, género, ser el primogénito, y edad a la medición del desenlace) y los factores maternos (antecedente de tabaquismo, estado conyugal, edad al parto, coeficiente intelectual, educación, y cohorte).

 

Los ajustes modificaron la disminución en el índice general cognitivo a -3,15 (IC 95%: -5,42 a -0,87) por cada 0,5 mg/l de fluoruro en la orina materna, y modificaron la disminución en el coeficiente intelectual a -2,50 (IC 95%: -4,12 a -0,59).

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En un subgrupo de niños con datos disponibles acerca de su condición socioeconómica, plomo en hueso materno y mercurio en la sangre, los investigadores controlaron también para estas variables y descubrieron que no se modificaba sustancialmente la relación entre el fluoruro urinario materno y el índice general cognitivo y el coeficiente intelectual.

 

Los investigadores observaron que el índice general cognitivo disminuía con cada incremento en el fluoruro urinario de la madre en una relación lineal.

 

Sin embargo, la disminución en el coeficiente intelectual solo comenzó a los 0,8 mg/l de fluoruro urinario materno.

 

Cuando enfocaron su análisis en el fluoruro urinario de los niños, no encontraron una relación estadísticamente significativa con la concentración prenatal de fluoruro en la orina materna.

 

Además, no hallaron una relación estadísticamente significativa entre el fluoruro urinario de los niños y su coeficiente intelectual.

 

(Los autores no informaron sobre una relación del fluoruro en la orina de los niños y el índice general cognitivo).

 

Los resultados justifican más investigación, dijo el Dr. Bashash. Le gustaría hacer seguimiento a los niños para analizar las relaciones cognitivas con el fluoruro a medida que aumentan de edad, y le gustaría analizar otros efectos adversos.

 

Y agregó que algunos colaboradores están analizando datos sobre la maduración sexual.

Sin embargo, no pudo afirmar si se ha acumulado suficiente evidencia para hacer recomendaciones para políticas de salud.

 

“La toma de decisiones en medicina y política pública exige transigir de algún modo y medir el riesgo y el beneficio”.

 

“Hay un gran debate. Sabemos que el fluoruro tiene algún efecto beneficioso en la prevención de la caries.

 

Demostramos que existe también un potencial de alguna repercusión negativa.

 

Nuestra investigación brinda la oportunidad de ayudar a las autoridades sanitarias a tomar una decisión informada”.

 

Otros se mostraron menos vacilantes. En un comunicado de prensa, el grupo antiflúor, la Fluoride Action Network (FAN o Red de Acción contra el Fluoruro), señaló que el estudio “confirma” que el fluoruro es perjudicial para el cerebro fetal.

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El Dr. Philippe Grandjean, PhD, profesor adjunto de salud ambiental, de la Harvard University, en Cambridge, Estados Unidos, no fue tan lejos, pero dijo que se suma a la evidencia para reconsiderar la fluoración.

 

“Creo que el estudio es una advertencia". “Cuando se lo toma en cuenta junto con los estudios chinos, me parece que ya hace mucho tiempo que se debería de haber hecho una reevaluación a gran escala de la exposición al fluoruro”.

 

Otros métodos de prevención de la caries dental podrían ser más eficaces y volver obsoleta la fluoración del agua.

 

La American Dental Association, en cambio, dio a conocer una declaración en la que cuestiona la aplicabilidad de los datos a Estados Unidos.

 

Tanto en Estados Unidos como en México, los niveles naturales de fluoruro en el agua son muy variables, pero en Estados Unidos, muchas poblaciones añaden fluoruro al agua, mientras que en México, el fluoruro se añade a la sal, puntualizó la organización, de manera que es difícil comparar los grados de exposición.

 

La American Dental Association no respondió a preguntas en torno a su análisis.

 

Scott Tomar, licenciado en odontología, maestro en salud pública, DrPH, quien ha prestado sus servicios como consultor a la American Dental Association, cuestionó las conclusiones del estudio.

“Desde mi punto de vista considero que es más generador de hipótesis que una evidencia definitiva de alguna relación entre el contenido de fluoruro, ya sea en la sal o en el agua, y el coeficiente intelectual o el desarrollo cognitivo”.

 

La gráfica de dispersión de los datos parece casi aleatoria, tanto para el coeficiente intelectual como para el índice general cognitivo, dijo Tomar, profesor de odontología comunitaria y ciencias conductuales, de la University of Florida, en Gainesville, Estados Unidos. Además, el nivel en el cual los datos del coeficiente intelectual se vuelven significativos es superior a los niveles urinarios que se encontrarían en alguien que consumiera agua fluorada en Estados Unidos, dijo. (El nivel recomendado de fluoración en Estados Unidos varía entre 0,7 y 1,2 mg/l, dependiendo de la temperatura media de una región).

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El estudio fue bien diseñado, dijo Tomar, pero de todas maneras no pudo descartar otros factores que podrían confundir los resultados, como toxinas que no sean plomo y mercurio.

 

Además, dijo, el coeficiente intelectual de los niños en Estados Unidos ha estado aumentando desde la década de 1980, incluso cuando más poblaciones han fluorado su agua.

 

“No es que esté cerrando mi mente a posibles efectos adversos, pero diría que como mínimo, quisiéramos ver un tipo similar de estudio observacional repetido en otro ambiente, ya sea en Estados Unidos o en otro país”.

 

National Institutes of Health, el National Institute of Environmental Health Sciences/la US Environmental Protection Agency, y el Instituto Nacional de Salud Pública/Secretaría de Salud de México.

  1. Bashash, PhD, profesor asistente de salud pública, de la University of Toronto,en Canadá.