Novedades

13-06-2017

Adicción al Ejercicio

foto

Adicción al Ejercicio

 AE1

Cuando lo saludable se transforma en patológico

 

Un cuadro a menudo no diagnosticado; ¿cuáles son las herramientas clínicas para reconocerlo?

 

Cuando KS entró a la universidad su mundo giraba alrededor del gimnasio.

 

Tan pronto como terminara una conferencia, saldría al gimnasio del campus.

 

Ella se sentiría ansiosa si se perdía un entrenamiento, no importa lo cansada u ocupada que estuviera.

 

Viajar era muy difícil debido a su obsesión acerca de sus rutinas de ejercicio.

 

Ella perdió muchas amistades y oportunidades de carrera porque estaba apenas disponible fuera de su horario de ejercicio.

 AE2

Para cuando tenía 26 años, KS había resistido dos hernias de disco y una fractura por estrés y tenía un agotamiento persistente.

 

El ejercicio tiene numerosos beneficios para la salud y generalmente se considera un comportamiento positivo1, por lo que los pacientes y los médicos pueden pasar por alto los peligros del ejercicio excesivo y de la adicción.

 

Este artículo explora cómo los profesionales de la salud pueden reconocer y comprender los riesgos de la adicción al ejercicio primaria.

 

¿Qué es la adicción al ejercicio?

Aunque la adicción al ejercicio no está oficialmente clasificada como un trastorno de salud mental, se caracteriza por efectos negativos similares en la salud emocional y social como otras adicciones.

 

La adicción primaria al ejercicio difiere del ejercicio excesivo visto en personas con trastornos alimentarios (también conocido como adicción al ejercicio secundaria), en la que el ejercicio representa un medio para controlar el peso.

 

¿Qué tan común es?

No existen estimaciones de prevalencia en la población general.

 

Debido a la falta de investigación sostenida y metodológicamente rigurosa, los criterios diagnósticos no están bien definidos ni validados.

 

Algunos estudios observacionales muestran que los síntomas de la adicción al ejercicio varían entre 0,3% y 0,5% en la población general, mientras que entre los ejercitadores regulares oscila entre 1,9% y 3,2%.25

 

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Los estudios basados en cuestionarios identifican varios factores de riesgo para la adicción al ejercicio.

 AE5

Se ha observado una relación positiva con otras adicciones conductuales, como las compras y la adicción a Internet.

 

Las personas que se identifican fuertemente como ejercitantes y tienen baja autoestima están más expuestas.

 

Los individuos con tendencias de ansiedad, impulsividad y extroversión tienen un mayor riesgo de adicción al ejercicio.

 

Los hombres y las mujeres están igualmente en riesgo, pero en los hombres es más frecuente la adicción primaria al ejercicio y en las mujeres es más frecuente la adicción al ejercicio secundaria.

 

Estudios de muestras convenientes revelan que el riesgo de adicción al ejercicio varía según la actividad física, como 25% en corredores y 30% en triatletas.

 

¿Cómo se presentan los pacientes?

Las personas que realizan en grandes cantidades de ejercicio pueden reportar lesiones por sobreuso (tales como fractura por estrés y tendinopatía), anemia, amenorrea u otros síntomas de disfunción endocrina, metabólica o inmunológica.

 

Indicadores de sobreentrenamiento -como disminuciones inexplicables en el rendimiento, fatiga persistente y trastornos del sueño.

 

Los pacientes pueden continuar ejercitando a pesar de tener una lesión o enfermedad y renunciar a las obligaciones sociales, profesionales y familiares para realizar sus rutinas de ejercicio.

 

Los pacientes pueden reportar efectos de abstinencia cuando su horario de ejercicio es interrumpido -como la incapacidad para dormir y concentrarse, inquietud, ansiedad, tristeza o irritabilidad.

 

Los síntomas pueden exacerbarse cuando se pide a los pacientes que limiten o se abstengan del ejercicio (como durante la recuperación de una lesión).

 

La adicción al ejercicio no debe confundirse con un alto nivel de compromiso con una actividad física o un hábito saludable.

 

Las lesiones por sobreuso y sobreentrenamiento ocurren regularmente en atletas ambiciosos pero no adictos.

 

Los adictos al ejercicio se distinguen de otros ejercitadores de alto volumen cuyo deseo intrínseco de ejercer está bajo control y que no suele provocar trastornos emocionales, sociales u ocupacionales.

 AE·3

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en el juicio clínico. Para ayudar, los médicos pueden examinar a los pacientes para entender los factores motivadores detrás de su régimen de entrenamiento, su conexión emocional con el ejercicio y cómo influye en otros aspectos de su vida.

 

Si el paciente expresa una renuencia a tomar tiempo libre de ejercicio, demuestra frustración e irritabilidad cuando se le aconseja reducir el ejercicio, e informa de ejercicios que interfieren el trabajo y las relaciones personales, o si el paciente revela haber intentado reducir el ejercicio, pero repetidamente falló, la adicción al ejercicio es probable.

 

Existen herramientas validadas para determinar el riesgo de adicción al ejercicio y la gravedad de los síntomas.

 

Sin embargo, estas escalas son para el cribado en lugar de herramientas de diagnóstico.

 

Por ejemplo, el Inventario de Adicción al Ejercicio es una herramienta de evaluación breve que evalúa la importancia, la modificación del estado de ánimo, la tolerancia, los síntomas de abstinencia, los conflictos y la recaída .

 

Una persona que califique por encima de la puntuación de corte de 24 se clasifica como en riesgo de adicción al ejercicio y debe ser referida al proveedor de salud mental apropiado para una evaluación posterior.

 

Otras herramientas de cribado, tales como la Escala de Dependencia del Ejercicio21; 20 y la Prueba de Ejercicio Compulsivo21 cubren un terreno bastante similar pero con mayor detalle.

 

¿Cómo debe es tratado?

Hay escasa literatura sobre el tratamiento de la adicción al ejercicio.

 

Como con la mayoría de las adicciones conductuales, la terapia cognitivo-conductual y la terapia conductual dialéctica se recomiendan para reestructurar las creencias desadaptativas sobre el ejercicio y para manejar los trastornos del estado de ánimo.

 

El objetivo de la terapia no es evitar que el paciente se ejercite sino ayudarlo a reconocer el comportamiento adictivo y reducir la rigidez de su rutina del ejercicio.

 

La identificación temprana puede permitir una pronta intervención antes de que el ejercicio compulsivo conduzca a un trastorno alimentario o a patologías físicas asociadas con el ejercicio excesivo como las lesiones , las arritmias y la fibrosis miocárdica o la osteoporosis.

 

Además, los pacientes pueden encontrar beneficioso trabajar con profesionales del entrenamiento y psicoterapeutas para diseñar un régimen apropiado y volver a aprender cómo utilizar las sensaciones internas, como el dolor y la fatiga, para diferenciar entre entrenamiento adecuado versus entrenamiento excesivo y reconocer los motivadores saludables versus los insalubres.

Para los atletas competitivos, reconozca las demandas físicas y los volúmenes de entrenamiento altos requeridos para el éxito en el deporte, pero explique cómo la fatiga del ejercicio excesivo conduce al funcionamiento disminuido.

 

Pueden discutir la situación con su entrenador y el personal aliado (tales como entrenadores atléticos y fisioterapeutas) de modo que estas personas puedan jugar un papel activo que apoye a los atletas para regular su régimen del ejercicio.

 

Otras investigaciones y referencias a especialistas en ortopedia pueden justificarse si un paciente se presenta con una lesión por exceso de ejercicio.

 

Involucrar a un dietista si el paciente está preocupado por su peso.

 

Considere remitir a un psicólogo, psiquiatra o trabajador social entrenado en el manejo de pacientes con adicciones conductuales si se observan trastornos emocionales e interpersonales.

 

 

Heather A Hausenblas, professor of kinesiology1, Katherine Schreiber, patient with 10 years’ experience of living with exercise addiction, James M Smoliga, associate professor of physiology Fuente: BMJ 2017; 357 doi: https://doi.org/10.1136/bmj.j1745 (Published 26 April 2017)